Fruición móvil de espacios textualizados1
Narration and transposition: mobile enjoyment of textualized spaces
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María Silvina Tatavitto |
Recepción: junio 2025 Aceptación: enero 2026 Publicación: mayo 2026 |
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ORCID: 0000-0002-0915-1150 Universidad Nacional de las Artes. Universidad de Buenos Aires, Argentina Contacto: silvintata@yahoo.com.ar |
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Resumen |
Abstract |
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El artículo identifica apropiaciones hermenéuticas móviles y encarnadas de literatura transpuesta territorialmente que es relevante para diversificar la teorización vigente sobre formas de consumo estético, habitualmente anclada sobre modalidades estáticas. Para ello, el encuadre teórico-metodológico prevalentemente semiótico sobre narración y transposición se articula con categorías del mobility turn incluyendo el fenómeno en un marco multidisciplinar, esto con el objetivo de aislar sus rasgos definitorios y relevar las dimensiones materiales y mundanas de la circulación artística que, se concluye, resultan centrales para iluminar las múltiples operatorias de comunicación estética, reconsiderar sus abordajes teórico-metodológicas y del consumo del arte. |
Identifying mobile hermeneutic appropriations and embodied territorially transposed literature is a relevant issue for diversifying the traditionally circumscribed panorama to static forms of consumption. The prevailingly semiotic framing on narration and transposition is articulated with categories of the Mobility turn and promotes a multidisciplinary inclusion framework of the phenomenon, with the objective of identifying material and mundane dimensions in the artistic circulation that, it is concluded, are central to illuminate the multiple operative operations of aesthetic communication and to reconsider theoretical-methodological issues, especially in the mastery of art |
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Palabras clave |
Keywords |
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cuerpo, performance, circulación, transposición, narración, interpretación |
body, performance, circulation, transposition, narration, interpretation |
Argentina ha ido instaurando un sostenido, si bien no masivo, interés por la transposición, es decir, la migración textual de un soporte o lenguaje a otros. Se la considera instrumental a una concepción comunicacional del arte por cuanto permite describirlo en tanto discursividad entretejida en la circulación producción-reconocimiento estéticos, según la sociosemiótica de corte veroniano a la que se adscribe este trabajo. Aporta doble ganancia. Revela la “cara gozosa y carnavalesca”2 de la semiosis infinita, fundamento peirciano del enfoque de Verón, que plantea la circulación como motor constructivo del sentido en el seno de la sociedad, entendida como una red semiótica de intercambios discursivos. El carácter dinámico del encuadre, su concepción de lo social constituido por relaciones, en lugar de entidades inmutables, confluye, digamos naturalmente, con el paradigma interdisciplinario de los estudios de movilidad, una de las tendencias recientes en las humanidades, ciencias sociales y del lenguaje,3 especialmente cuando vira a describir la condición significante de las prácticas móviles.4 Participan, así, de la aspiración que prospera en las disciplinas sociales a modelizaciones más complejas de distintos órdenes (económico, político, geográfico, comunicacional y artístico, entre otros),
Su otro aporte estriba en rebatir la tradicional adjudicación de pérdida, argüida toda vez que un texto o conjunto textual se traslada de un soporte a otro, por ejemplo de la literatura al cine, que es una de las circulaciones más analizadas, renegando la frecuente emergencia de cambios. Evaluación esencialista, discutida por la constatación sociosemiótica de que la circulación textual se manifiesta siempre en mutaciones.5 Impugnada también por trasuntar simplificaciones binarias y ahistóricas que equiparan lo esencial con lo fijo/inmutable en tanto que la movilidad, el cambio, se identifica con lo insustancial. Simplificación, a su vez, conectada con persistentes resonancias disfóricas asociadas a prácticas de movilidad.6
En los últimos tiempos y, a veces, desde otros lugares teóricos, un tipo específico, la transposición de relatos, ha recibido un empujón al conceptualizarse como un caso particular entre los múltiplemente examinados en los estudios sobre narraciones transmedia que distan de entender la narración como un artefacto basado en el lenguaje para concebirla como una construcción que puede crearse a partir de variados registros sígnicos.7 En definitiva, tal como Barthes, en los inicios de la semiología, extendía el relato más allá de la literatura.
Pero este artículo avanza aún más lejos para indagar movimientos transpositivos de narraciones literarias que entrañan no solo migraciones intermediales, sino también territoriales. Lo que desafía las versiones tradicionales de lo narrativo. Es bien sabido que la variante tradicional privilegió en sus modelizaciones el tiempo al espacio. Sin embargo, recientemente se están construyendo puentes en dos direcciones. Una de ellas analiza el espacio en la narrativa y la otra observa la narrativa en el espacio8 o, dicho en términos afines a mi perspectiva, el espacio desarrollado narrativamente al calor de su consumo móvil y encarnado, manifiesto en la creciente atracción ejercida por distintos sitios dadas sus múltiples formas de conexión con relatos ficcionales.
En paralelo a dicho auge, aparecen diversos intentos de capturarlo que van desde los prácticos de instrumentalización económica, los del place o destination branding por ejemplo,9 hasta académicos en la geografía humana,10 en los estudios culturales,11 en la sociología, en abordajes performativos,12 etnográficos,13 o su examen como prácticas fandom,14 patrimoniales y turísticas.15 Conjunto de producción teórica disparmente atravesado por el mobility turn.16 Se trata de un área de problemas de configuración plural, ante la ausencia de perspectivas analíticas o de abordajes metodológicos integradores. El esfuerzo a lo largo de este artículo es un intento por articular proposiciones de corrientes inscriptas en ese horizonte multidisciplinar con las de orden semiótico para abordar la pregunta de investigación: qué tipo de consumo promueven textos transpuestos a un entorno espacial al narrativizarlo; y modelizar el fenómeno (cuyos insumos teórico-metodológicos se reseñan en la tercer sección).
La textualización de lugares suele ponerse en obra mediante procesos transpositivos de productos de regímenes narrativos clásicos, como el literario y el cinematográfico (por imperativos de síntesis, el artículo se concentra en los relativos al primero sin desconocer la ocurrencia de los fílmicos). Ahora bien, a través de qué procedimientos las narraciones, despegadas de las páginas impresas, se despliegan, en grado y modo diversos, a lo largo de diferentes lugares y los constituyen como tales, más allá de su estatuto topográfico o factual,17 al tornarlos en textos pasibles de operaciones hermenéuticas de fruición.
Sin ánimo de exhaustividad, podemos distinguir varias modalidades:18 la transposición de una obra particular, de un conglomerado textual, la funcional (descriptas más adelante) o la actancial (que informa el Paseo de la historieta en Buenos Aires y se analiza a continuación, a modo propedéutico de las secciones siguientes).
Este trayecto representa una retoma urbana de la literatura dibujada, textualizado mediante esculturas de los protagonistas de las historietas argentinas más populares, las cuales abandonan las viñetas de papel para instalarse en los barrios por donde discurre el recorrido y operan como índices: son un fragmento de las historias-fuente a las que remiten sinecdóquicamente. En gran parte por replicar miméticamente la fisonomía de cada personaje. La transposición al espacio de estos estos indicadores-fragmento (cuya incidencia se plantea posteriormente) define el circuito como texto: cada escultura está en relación con las del conjunto del Paseo en un ordenamiento sintagmático que lo individualiza como una totalidad diferenciada en el espacio, con un comienzo que implica simétricamente un cierre o clausura textual. Cuando las viñetas saltan de la página a las veredas porteñas, el espacio asume capacidad narrativa o, según la narratología posclásica, posee narratividad. En otras palabras, el Paseo se presenta como un trayecto textual y exige el desplazamiento como forma de consumo necesaria, es decir, construye una fruición móvil convocando dos potenciales estrategias de disfrute: apreciar las esculturas como potenciadoras del goce de la ciudad, o deleite anclado en el mundo del personaje, que irrumpen en el espacio por medio de su indicador escultórico, en definitiva, placer por la intrusión de lo imaginario en lo factual.
Según se acaba de ver, preguntar qué ocurre con textos que traspasan páginas, pantallas u otros soportes para ubicarse en un entorno espacial requiere completar su formulación interrogando qué tipo de consumo proponen cuando desembarcan en un territorio y lo narrativizan. De este modo, en la cuestión concurren dos andariveles teóricos. Por un lado, el enunciativo entendido como el efecto de sentido de procesos de semiotización por los que un discurso construye, a través de procedimientos no solo lingüísticos, una situación comunicacional.19 Proyecta, en fin, un contrato de lectura o recorrido interpretativo, a la vez que perfila un singularizado consumo potencial.20 Por el otro, entronca con la tendencia cognitivista de la narratología postclásica, cuya atención se focaliza no tanto en las propiedades textuales, sino en describir cómo se reconocen y procesan tales propiedades.
Mi propuesta es conceptualizar como fruición móvil este consumo de relatos espacializados que, por un lado, compromete de modo singular la corporalidad y, por el otro, propone una forma de lectura e interpretación que cristaliza una fantasía: experimentar y no solo imaginar los universos narrados. Interesa su desvío de las formas de recepción más estudiadas en la tradición semiótica y, posiblemente, estética en general, que fijan su atención en la escena tradicional de consumo frente al papel o la pantalla que es estática, aunque no pasiva por sus procesos cognitivos y pasionales profusamente analizados.
Dado que la transposición al territorio de relatos define un trayecto textual, si admitimos el carácter textual de itinerarios postulado por los análisis semióticos de movilidad,21 y solicita, para su apropiación interpretativa, desplazamientos, el caminar se torna en un acto performativo y hermenéutico por el cual las imaginerías literarias se actualizan en recorridos interpretativos encarnados. Se impone, entonces, singularizar nuestro punto de vista sobre el caminar que, en el dominio estético y artístico, exhibe un prolongado linaje,22 generalmente como instrumento de creación artística: por caso las deambulaciones oníricas de los surrealistas para crear un arte sin obra o las city walks como herramientas de producción artística para el situacionismo en los 60.
Se trata de un acto semiológico pleno23 de corte enunciativo. Andar sería a lo urbano como hablar a la lengua: “una apropiación del sistema topográfico por parte del peatón (del mismo modo que el locutor se apropia y asume la lengua); es una realización espacial del lugar (como el acto de habla es una realización sonora de la lengua)”24. Caminar, entonces, parece revelar su naturaleza como espacio de enunciación, encuadre que rige los exámenes realizados más adelante. Pero de la raigambre estética del andar, antes que la perspectiva productiva tradicional, resulta más pertinente aquí considerar su incidencia en términos de recepción, o sea, como un modo particular de contacto con el arte, una forma de disfrute dinámica.
Este acontecimiento hermenéutico móvil supone, en la instancia del reconocimiento discursivo, un fuerte compromiso del cuerpo significante en tanto operador de la primeridad (percepciones, afectos, impresiones) y de apropiaciones culturales.25 Cuerpo que motoriza acusadamente el principio kinestésico de inscripción corporal en la semiosis, además del cenestésico,26 complementarios e indisociables en la interacción semiótica sujeto–mundo. El cenestésico es un actante-blanco: superficie de inscripción de las saetas del mundo reprocesándolas al interior de sí. El kinestésico, caracterizado por su estatuto semio-narrativo de sujeto de hacer, es fuente de proyecciones: irrumpe en el mundo y en sus desplazamientos testimonia la experiencia de lugares y recorridos (aspecto desarrollado en la cuarta sección).
De esto deriva que otro rasgo característico resida en su peculiar deleite, arraigado en el registro indicial —correspondiente al orden corporal y sus desplazamientos en el espacio— donde se verifican inesperados ensamblajes entre lo factual y lo ficcional. En los diferentes pasajes transpositivos que narrativizan el espacio tienen destacada injerencia los marcadores27 ya que, en el continuo espacial, recortan algo como atractivo, dirigen hacia allí la curiosidad y la mirada. Desde el punto de vista semiótico, son operaciones indiciales porque compulsivamente apuntan o referencian algo como notable, digno de atención. El encuadre teórico-metodológico del corpus empleado en los análisis siguientes termina de perfilarse con la intervención del componente performativo en este tipo de consumo.28
Las narraciones literarias ofician de condición de producción de apropiaciones interpretativas móviles: actúan modelando el contacto con un sitio, definen un régimen visual y performático que aquí se analiza mediante “Pragha-Austerliz/Europa mater”,29 que relata recorridos por la Praga tematizada en la novela de Sebald. La visualidad refiere preconstruir la mirada, que no se confunde con las motivaciones personales para viajar. Se trata, más bien, de una producción discursiva resultante de complejos procesos de mediatización con fuerte injerencia de la discursividad artística. Los lugares son blanco del mirar porque “especialmente a través de la ensoñación y la fantasía, hay una anticipación de intenso placer (…) Dicha anticipación se construye y sostiene a través de (…) el cine, la televisión, la literatura, revistas, discos y videos, que construyen y refuerzan esa mirada.30
Una gozosa anticipación inaugura el régimen de visibilidad ya que la mediación literaria indica qué ver. Es condición de producción del recorrido que atestigua “Pragha-Austerlitz” porque ese previo fantaseo genera el deseo de “paisajes urbanos contaminados ya por el flujo de imágenes que (…) hemos visto y leído (fotos, viajes anteriores, atlas, escenarios de vidas, films)”.31 Dispara: “el placer de ir en busca de algo ya conocido, para conocerlo ‘en verdad’, ordena y discierne el itinerario inicial de un viaje”.32 El mirar “contaminado” se prolonga en el posterior viaje a Praga cuando el recorrido abre un texto espacializado que deja leer los signos del arte al atravesar paisajes donde:
asomaba tras un recodo un castillo que a la distancia parecía una casa apenas apoyada en las rocas, (imagen entre brumas del bunker del Führer en Moloch, la película de Sokurov). Un viaje pictórico: nos ofrecía el original de una iconografía que creíamos producto de la creación de los enfebrecidos ‘románticos alemanes’.33
Los lugares artísticamente legibilizados configuran la anticipación que estructura la performance de la visita según testimonia “Pragha-Austerliz”: al llegar a la ciudad, el narrador “llevaba, atesoraba para mi goce, (…) la novela Austerlitz (…) como un ritual, haré por él ese camino: seguiré los pasos del personaje Austerlitz, con ese fragmento de texto en la mano, y veré de encontrar lo que él encuentra en la novela”.34
El itinerario en la ciudad es, así, la reedición por medios móviles y corporales de la narración en papel. Gestiona un disfrute que vuelve a activarse ya que: “mientras fotografiamos cada puerta, leemos en voz alta”.35 Se pone en escena una re-lectura en movimiento que paladea de nuevo las peripecias del relato, pero, esta vez, desprendido del papel y migrado al entorno urbano. La “caminata en voz alta” es una experiencia móvil de lectura performativa que desarrolla la narrativa literaria en el tiempo-espacio. El protagonista, novela en mano y lectura en voz alta, textualiza el espacio recorriéndolo a medida que, con sus acompañantes, “descifran en el plano de la ciudad las calles nombradas en la novela”.36 El marcaje literario del territorio y su apropiación interpretativa dinámica narrativizan el territorio y, en ese sentido, lo coproducen.37 Se lleva a cabo una particular lecto-peregrinación con estremecimientos
(…) eufóricos al encontrar las placas con el nombre de las calles, como si el hecho de que el escritor fuera fiel a la geografía de la ciudad, hiciera de nuestra Praga una ciudad más maravillosa. Y al dar una vuelta más, estamos ya en la calle Sporkova 12. Nos detenemos, fascinados, es aquí, aquí está, decimos y leemos en voz alta38.
Euforia, fascinación, maravilla, orden de la primeridad de Peirce suscitado por interposición del cuerpo significante al consumir dinámicamente narraciones territorializadas. Impresiones y emociones de un apasionado tránsito que es un guion actualizado y actuado en el sitio narrativamente configurado. Cada uno de los lugares buscados es descubierto mediante su marcación transpuesta del relato fuente: los señala en el paisaje urbano en una operación indicial, registro sígnico relativo al orden de la contigüidad con lo existente. Por tal motivo, los entusiasmados marcadores “es aquí” y “aquí está” contribuyen a dar vigor factual a lo que encierra la imaginación (la cuarta sección expande los efectos interpretativos de la contigüidad existencial entre la lectura encarnada móvil y el espacio como texto).
Véase el sincretismo de la apropiación hermenéutica móvil, simultáneamente verificada a nivel imaginativo y mundano. La mirada interpretativa romántica, diría Urry, “contaminada” por una obra en particular funda el espacio como texto dispuesto para el deleite y trasunta un fervor cuasi religioso por ella. Experiencia generalmente entendida como práctica fandom39 o peregrinaje literario,40 pero, en nuestra perspectiva, es solo un episodio particular, tal vez el más examinado, que no agota el espectro total del fenómeno, como se verá a continuación.
Los recorridos literarios sea por iniciativas gubernamentales o privadas, gratuitas o pagas, programáticas o espontáneas, convocan siempre grupos y proponen seguir los rastros de la literatura en el espacio urbano, generalmente guiados por uno o más coordinadores.41 Comparativamente con el caso anterior, la mediatización y preconstrucción de la mirada tienen un funcionamiento singular. A veces, se cursa antes de cada caminata: se envía a los participantes un conjunto de textos literarios sobre la zona del recorrido cuya previa lectura adelanta cuáles son sus enclaves deleitables. Otras veces, la mediación se produce durante el itinerario mientras los coordinadores señalan los lugares mencionados en diferentes obras literarias; asimismo pueden exhibir material fotográfico relativo al momento en que la zona fue literariamente tematizada o leer un poema o cuento que menciona el sitio que se está atravesando.
Durante el derrotero, los coordinadores activan los marcadores que descargan su potencia indicial al conducir la atención a un sitio señalando su conexión literaria. Indicaciones fluctuantes entre el dato certero (cuando es comprobada la relación sitio-texto) y el potencial (cuando resulta de inferencias): se trata entonces de una espacialidad conjetural. La condición de producción de la caminata literaria no es la existencia o factualidad del entorno, sino ese conjunto discursivo literario que, previa y/o simultáneamente, mediatiza la mirada grupal y, a través de marcadores, diseña un orden secuencial de vistas estructurado narrativamente para dar sentido a los lugares visitados.42 De este modo, el lugar se consume a través de la narrativa aglutinadora del recorrido cuya finalización, al igual que cualquier tipo de texto, lo individualiza como totalidad relativamente autónoma. Todo itinerario realizado por un caminante está dotado de un final que implica simétricamente un principio.43
Casi la mayor parte de los trayectos-textos atravesados por las caminatas suele organizarse por la recursividad, en la oralidad de los coordinadores, del motivo44 “tras los pasos de - en busca de” (por ejemplo, el bar donde se reunían los personajes de una novela o donde vivió un escritor), muy típico del género policial. Estos espacios reciben un tipo de transposición que pone en juego la función indicial del relato,45 a diferencia de la actancial del Paseo de la historieta. Cuando el texto es territorializado con marcadores que transponen al espacio, esa función de carácter cifrado tiende a promover un vínculo con el lugar a partir de la actividad de desciframiento. El territorio, entonces, se textualiza en un orden narrativo detectivesco y promueve un potencial disfrute asociado a géneros primarios: acertijo, enigma o adivinanza entablan un vínculo relato territorializado-consumo móvil virado una ludicidad cerebral o intelectual.
Ese deleite se entrama con el gusto por lo patrimonial, el cual se estimula por las frecuentes exhibiciones de fotos o ilustraciones por parte de los coordinadores para reponer edificios y escenas hoy desaparecidas del lugar que se está transitando. Ocurre un encuentro gozoso con vestigios del pasado en activa semiosis de la nostalgia46 que se enfatiza por la insistente mención de los coordinadores del motivo “viaje en el tiempo” (a la época de la obra transpuesta, por caso) que legibiliza la situación en dos direcciones mutuamente solidarias.
Por una parte, según lo anticipara, como caminar implica un acontecimiento enunciativo, una realización interpretativa del lugar a la par que productiva, el acto factual, caminar la ciudad, es un hecho semiológico reprocesado aquí hermenéuticamente en términos de un motivo típico de la ciencia ficción, que organiza la experiencia en estos sitios literaturizados. Por lo tanto, la “lectura caminada” es una práctica a partir de la cual el entorno urbano se coproduce como un espacio estético, de allí la atención que despierta en la geografía humana y el urbanismo.
Por la otra, el motivo está reforzado por cierta simetría experiencial: viaje a un tiempo pasado mientras se está físicamente andando por la ciudad. Suerte de recreación que amalgama tiempos-espacios discontinuos y funde temporalidades heterogéneas. Activa el principio operativo de la heterotopía que yuxtapone “en un lugar real varios espacios que normalmente serían o deberían ser incompatibles”.47 Las caminatas conectan pasado y presente. Concentran, por tanto, espacios desemejantes: en un sitio diversas marcaciones literarias sitúan al caminante entre la realidad y la imaginación. En tanto heterotopía, los circuitos literarios son espacios-otros que a menudo trasladan a un lugar nostálgico y crean un espacio de ilusión (sin embargo, se verá más adelante, con fuerte impronta de realidad, por efecto del principio kinestésico de inscripción corporal en la semiosis).
Los caminantes constituyen performativamente una comunidad interpretativa que participa en el juego del desciframiento y recrea las narrativas suscitadas en el trayecto. La performatividad de esta actividad lúdica es un proceso activo de consumo reflexivamente consciente de que se trata de una escenificación,48 generada por conglomerados textuales transpuestos al espacio, y desata una mirada interpretativa colectiva, en ciertos aspectos, opuesta a la fruición romántica de un relato individual territorializado.
Hasta el momento, se ha descrito cómo la marcación del territorio, por obra de distintos tránsitos transpositivos, promueve su textualización narrativa, convoca su apropiación interpretativa móvil y promueve fruiciones diferenciadas: romántica e individualizada por un lado y colectiva y patrimonial por el otro. La sección siguiente puntualiza aún más en los efectos de sentido derivados de la encarnación de procesos interpretativos móviles, del cuerpo significante como operador de primeridad (percepciones, afectos, impresiones) y de apropiaciones culturales al momento del consumo discursivo.
En la lectura móvil, el disfrute no es pura y exclusivamente visual, es también performativo: gusta replicar los tránsitos de un personaje de ficción (caso Pragha/Austerliz) o participar de la escenificación propuesta por el itinerario (caminatas literarias). Además de conectar signos con sus referencias, entre otra serie de actos hermenéuticos, va reprocesando cognitiva e interpretativamente signos visuales, táctiles, sonoros. Implica, en consecuencia, una multisensorialidad estimulada por el consumo dinamizado a través de un texto espacializado. Así, en casi todas las fruiciones móviles, los diferentes sentidos están interconectados para producir un entorno percibido de cuerpos, objetos y varios paisajes sensoriales mediados discursivamente. Es a través de los cuerpos significantes que se producen las interpretaciones y atribuciones de sentido a los lugares física y literariamente.
Durante su recorrido a través del espacio narrativizado, la fruición activa el principio kinestésico de inscripción corporal en la semiosis que, en su contacto con objetos y situaciones circundantes, es superficie de inscripción de estímulos sensoriales espontáneamente surgidos del entorno textualizado. El lugar se graba en ese cuerpo móvil: por ejemplo el sol o el viento en la piel dan cuenta de las propiedades del texto espacializado con el vigor de la indicialidad, potenciada por ser aprehendida involuntariamente por contigüidad casi inmediata, sin intervención aparente de procedimientos silogísticos, muy marcado, por ejemplo, en los signos aromáticos del ambiente, que van directos a los centros emocionales y están menos sometidos a control racional.49
Colabora, además, la espontaneidad y habitualidad de la situación (sentir el sol, la brisa, caminar, mirar, oler) que tiende a generar efecto de realidad, anclado en la contigüidad existencial entre el texto-trayecto y el cuerpo que goza por impresión e inmersión las sensaciones que va descubriendo y desplegando (como sucede con todo texto que se despliega durante su lectura) a medida que somete esa narración territorializada a operaciones hermenéuticas de apropiación en el cuerpo.
Impresión de realidad que en la fruición móvil funciona inversamente a los consumos estáticos. El cine o el teatro, por caso, operan por submotricidad y supresión del mundo exterior en una sala cerrada en penumbras, deliberadamente diseñada para erradicar todo lo que no sea ocurrencia en la pantalla o en el escenario y, simultáneamente, anclar el cuerpo a una butaca. Por el contrario, la fruición móvil está abierta a/sumergida en/afectada por las contingencias imprevisibles del espacio-texto polivalente donde se efectúa: a la vez escena de las imaginerías literarias, pero también de la vida social ordinaria. El realismo desarrollado en este consumo móvil conecta con el de cotidianeidad, no siempre equivalente con automatismo, como revela la interacción entre los “compases” del lugar y el tipo de andar.
Los ritmos diversificados de los sitios recorridos se incorporan al tránsito interpretativo que, familiarizado por esa rutina o cadencia urbana, tiende a experimentar la sensación rítmica del lugar como “texto de la vida”, acentuada por la marcha discursiva50 de la fruición móvil, de paso y compás comparativamente más demorados que el urgido, por propósitos prácticos, de la marcha automatizada diaria, generalmente ciega a su entorno. La cadencia del consumo móvil, por el contrario, es sensible a los estímulos del mundo atravesado en la caminata que interrumpen, agilizan o pausan el consumo narrativo en progreso; que realiza apropiaciones hermenéuticas de lugares literaturizados y experimenta la apropiación “mundana o mundanizada” de significados artísticos. Esta dimensión triádica ritmo-espacialidad-sentido releva dinámicas del cuerpo en tanto operador de apropiaciones culturales, que Verón examina al describir los efectos de sentido del ritmo en los recorridos interpretativos del público en una muestra en el centro Pompidou.51
A lo largo del artículo, conceptualizar formas móviles y encarnadas de apropiación hermenéutica de narraciones territorializadas supuso describir transposiciones de relatos circulando en enclaves geográficos y no solo mediáticos. Su funcionamiento sígnico no está determinado por acciones espontáneas o programáticas, institucionales o particulares. Antes que atender a variables de esa clase, lo semióticamente relevante es desentrañar los modos de darse el fenómeno y su repercusión en diferentes planos, puntualizados seguidamente.
La conceptualización permite identificar procesos de vinculación textual diferenciados en los distintos tipos de transposiciones porque implican fruiciones móviles heterogéneas. Es decir, imaginarios de consumo con singulares modalidades de goce. A pesar del creciente interés que despierta en diversas disciplinas bajo distintas modelizaciones (práctica fandom, peregrinaje literario, turismo literario, inducción literaria de viajes, por citar algunas), su ponderación presenta un notable rezago en el campo de la estética, tanto en su vertiente semiótica como filosófica.
En ese horizonte, la aproximación semiótica virada al análisis de la circulación discursiva permite dilucidar cómo el cuerpo significante en el proceso de reconocimiento activa operaciones interpretativas afecto-cognitivas y performáticas que, dinámicamente actualizadas en el tiempo-espacio, promueven circulaciones de complejos entrecruzamientos entre órdenes desemejantes: artístico, económico, urbanístico, territorial, cultural, patrimonial, entre otros. Evidencia, por tanto, los contornos materiales, mundanos de las obras de imaginación literaria y, por extensión, del arte, desplegados en sus diferentes encuentros hermenéuticos, que no puede soslayar la reflexión sobre las vicisitudes de la comunicación estética.
La observación de los diferentes pasajes transpositivos permite detectar circulaciones enmarañadas y multidireccionales, a menudo invisibilizadas en los estudios al uso, así, gran parte de casos conceptualizados como film tourism en la bibliografía internacional suele ignorar el pasaje de la letra a la pantalla, porque, en verdad, analiza transposiciones de textos literarios.
Este abordaje se aparta, por ejemplo, de aquellos que definen el fenómeno por la variable del lenguaje (turismo literario o film induction) o por la focalización de las motivaciones del actor (dominio fandom o peregrinaje literario). La dinámica del cuerpo significante se mantiene independientemente de la vía literaria, fílmica, plástica o de otro tipo de las narraciones de origen: sí importa su textualización territorial. No varía si el sujeto se declara fanáticamente devoto de un relato o de un escritor o, por el contrario, desconoce la obra fuente cuando transita por su transposición territorializada. En cualquier caso involucra mediatización (previa o simultánea) de la mirada, transposiciones y encuentro de marcadores indiciales, coproducción del espacio-texto mediante trayectos hermenéuticos encarnados con inesperados ensamblajes factuales-ficcionales, y una impresión de realidad peculiar por inmersión y firma del entorno-texto en el cuerpo en tránsito.
La fruición hermenéutica dinámica de un sitio literaturizado, o en general narrativizado por el arte, no se define enteramente por revivir en un sitio el deleite antes obtenido por otra vía: libro, pantalla u otro soporte. Dicha secuencia caracteriza la fruición móvil testimoniada por Pragha-Austerlitz. Es, por cierto, un episodio, si bien muy examinado, del fenómeno más diversificado acá descripto, solo legible a condición de suspender, en el análisis discursivo, la perspectiva del actor (emic en términos etnográficos) y adoptar el punto de vista del observador (perspectiva etic) según prescripción teórico-metodológica de la semiótica veroniana con su viraje a las postulaciones de Luhmann.52
Antes que circunscribir tipologías de actores sociales o configuraciones de personalidad, la modelización describe un posicionamiento espectatorial que trasciende marcos motivacionales habituales en la explicación de los fenómenos de sentido. Sigue una tradición teórico-metodológica advertible, por ejemplo, cuando Metz53 estudia la recepción cinematográfica y prescinde de variables tales como, por caso, preferencias individuales o determinaciones socioeconómicas. El núcleo de la propuesta teórica recae en el proceso semiótico por el cual las narraciones (literarias, fílmicas o de otro lenguaje artístico) textualizan transpositivamente espacios y territorios con el concurso de heterogéneos marcadores indiciales y reclaman en el plano enunciativo una operación hermenéutica performativamente encarnada y móvil.
El estudio clásico de las formas de fruición sedentarias y el interés más reciente por fan-art, peregrinaje literario e inducción literaria o fílmica del viaje corren, hasta el momento, por vías disyuntas. No obstante, en mi perspectiva, representan capítulos particulares (móviles unos y sedentarios otros) de una teoría discursiva más general del consumo del arte, todavía incipiente y en formalización. La modelización aquí descripta intenta, desde una perspectiva semiótica, introducir criterios en esa dirección y señalar conexiones multidisciplinares, pero también diferencias en el horizonte común de la experiencia estética móvil.
Si bien desde los ochenta ha prosperado en distintas perspectivas disciplinares interés por la recepción, este se ha detenido exclusivamente en sus formas estáticas. En el dominio de la semiótica no se han experimentado mayores avances por la inercia de métodos inmanentes y el anclaje en textos considerados de excepcional originalidad en virtud del mito romántico del genio creador (de allí, también, el desdén habitual por las transposiciones). Las soluciones a la manera de Lector in fábula de Eco bien pueden ilustrar las tensiones entre considerar dialógicamente el arte que se genera en la interfaz producción-consumo y el obstáculo inmanentista, ya que la fruición se incorpora al análisis solo a condición de estar inscripta dentro de los límites de la obra. En los consumos móviles está, por el contrario, inscripta en un cuerpo en tránsito por el espacio que también es un texto, aunque no impreso en papel, que propaga el mundo narrado en una renovada semiosis, en una circulación expansiva que dista mucho de ser eterno retorno al punto de partida.
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1. El artículo integra, reelaborándolos, trabajos difundidos en encuentros académicos (Jornada de Investigación sobre la obra de Oscar Traversa CABA: Asociación Argentina de Semiótica; Universidad Nacional de las Artes, 2022; XI Congreso Argentino de Semiótica. CABA: Asociación Argentina de Semiótica ; Universidad Nacional de las Artes, 2023) y la publicación incluida en las fuentes e investigación).
2. Oscar Traversa, “Carmen, la de las transposiciones”, en Inflexiones del discurso (Buenos Aires: Santiago Arcos 2014), 106.
3. Sjaak Kroon, Dong Jie y Jan Blommaert, “Truly moving texts”, en Language, Literacy and Diversity: Moving Words, ed. por Christian Stroud y Mastin Prisloo (New York: Routledge, 2015), 1-15.; Mimi Sheller y John Urry, “The new mobilities paradigm”, Environment and Planning 38 (2006): 207-226.
4. Tim Cresswell, On the move: Mobility in the modern western world (Taylor & Francis, 2006)
5. Eliseo Verón, La semiosis social, 2: ideas, momentos, interpretantes (Buenos Aires: Paidós, 2013).
6. Tim Cresswell, “Towards a politics of mobility”, Environment and Planning D: Society and Space 28 (2010): 17-31.
7. Marie-Laure Ryan, “Media and Narrative”, Sitio web de la Routledge Encyclopedia of Narrative. Accedido el 25 de junio de 2025. http://www.marilaur.info/mediaentry.htm
8. Marie-Laure Ryan, “Space”, en Handbook of Narratology, ed. por Peter Hühn, Jan Christoph Meister, John Pier y Wolf Schmid (Berlin: de Gruyter, 2014) 796–811; Marie-Laure Ryan, Kenneth. Foote y Maoz Azaryahu, Narrating Space/Spatializing Narrative: Where Narrative Theory and Geography Meet (The Ohio State University Press, 2016).
9. Anne Hoppen, Lorraine Brown y Alan Fyall, “Literary tourism: opportunities and challenges for the marketing and branding of destinations?”, Journal of Destination Marketing & Management 3 (2014): 37-47.
10. Sheila Hones, “Literary Space”, en Literary Geographies (New York: Palgrave Macmillan, 2014) 115-128.
11. Liedeke Plate, “Walking in Virginia Woolf’s footsteps. Performing cultural memory”, European Journal of Cultural Studies 9, núm. 1 (2006): 101-120.
12. Duncan Light, “Performing Transylvania: tourism, fantasy and play in a liminal place”, Tourist Studies 9, núm. 3 (2009): 240-258.
13. Lorraine Brown, “Treading in the footsteps of literary heroes: an autoethnography”, European Journal of Tourism, Hospitality and Recreation 7 núm. 2 (2016): 135-145.
14. Stijn Reijnders, “Stalking the count Dracula, fandom & tourism”, Annals of Tourism Research 38, núm. 1 (2011): 231-248.
15. David Herbert, “Literary places, tourism and the heritage experience”, Annals of Tourism Research 28, núm. 2 (2001): 312-333.
16. David McLaughlin, “The work and the world: mobilities and literary space”, Literary Geographies 2, núm. 2 (2016): 122-127.
17. Tim Cresswell, Place, a Short Introduction (Oxford: Blackwell Publishing, 2004).
18. María Silvina Tatavitto, “Arte y territorio: dos trayectos transpositivos”, en Relés a partir de la obra de Oscar Traversa, ed. por Gastón Cingolani y María Elena Bitonte (Buenos Aires: Prometeo Libros, 2023) 111-121.
19. Oscar Steimberg, Semióticas: las semióticas de los géneros, de los estilos, de la transposición (Buenos Aires: Eterna Cadencia, 2013).
20. Eliseo Verón, “Cuando leer es hacer: la enunciación en el discurso de la prensa gráfica”, en Fragmentos de un tejido (Barcelona: Gedisa, 2004) 171-191.
21. Eliseo Verón, Esto no es un libro (Barcelona: Gedisa, 1999); Jean-Marie Floch, Semiótica, marketing y comunicación. Bajo los signos, las estrategias (Barcelona, España: Paidós, 1993).
22. Francesco Careri, Walkscapes. El andar como práctica estética (Barcelona: Gustavo Gili, 2002).
23. Roland Barthes, “Semiología y urbanismo”, en La aventura semiológica (Barcelona: Paidós, 1993).
24. Michel de Certau, La invención de lo cotidiano I. Artes de hacer (México DF: Universidad Iberoamericana, 2000), 109-110.
25. Eliseo Verón, La semiosis social 2, 305-333.
26. Jacques Fontanille, Cuerpo y Sentido (Lima: Universidad de Lima y Fondo Editorial, 2018).
27. Dean McCannell, El turista: una nueva teoría de la clase ociosa (Barcelona: Melusina, 2003).
28. Mike Crang, “Placing stories, performing places: spatiality in Joyce and Austen”, Anglia-Zeitschrift für englische Philologie 126, núm. 2 (2008): 312-329.
29. Liliana Lukin, “Pragha-Austerlitz /Europa Mater”, Cuadernos LIRICO, núm. 19 (2019).
30. John Urry, The tourist gaze: leisure and travel in contemporary societies (Londres: Sage, [1990] 2002), 3.
31. Lukin, “Pragha-Austerlitz”, 1.
32. Lukin, “Pragha-Austerlitz”, 1.
33. Lukin, 2.
34. Lukin, 3 y 4.
35. Lukin, 6.
36. Lukin, 6.
37. Jon Anderson y Angharad Saunders, “Relational literary geographies: co-producing page and place”, Literary Geographies 1, núm. 2 (2016): 115-119.
38. Lukin, 7.
39. Nicola Watson, “Fandom mapped: Rousseau, Scott and Byron on the itinerary of Lady Frances Shelley”. Romantic Circles Praxis Series: Romantic Fandom (2011).
40. Paul Westover, “Literary pilgrimage.” En Working Definitions in Literature and Tourism, ed. Sílvia Quinteiro y Maria José Marques (2022).
41. El corpus analizado en esta sección se conforma con datos recogidos mediante observación etnográfica en terreno por la participación regular en diferentes caminatas durante los años 2022, 2023 y 2024.
42. Anja Saretzky. “Literary trails, urban space and the actualization of heritage”. Alma Tourism 8 (2013): 61-75.
43. Floch. Semiótica, marketing y comunicación, 39.
44. Cesare Segre, “Tema/motivo”, en Principios de análisis del texto literario (Barcelona: Crítica, 1985) 339-366.
45. Roland Barthes,“Introducción al análisis estructural de los relatos”, en El análisis estructural, comp. Silvia Niccolini (Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1977) 2-55.
46. John Frow, “Tourism and the Semiotics of Nostalgia”, October, no. 57 (1991): 123-151.
47. Michel Foucault, “Topologías”, Fractal no. 48, enero-marzo, año 12, volumen 12 (2008), 6.
48. Dean McCannell, El turista: una nueva teoría de la clase ociosa (Barcelona: Melusina, 2003).
49. Carla Ornani, “Narrativas publicitarias del cuerpo olfativo: el caso del perfume”, en Cuerpos de papel II, comp. por Oscar Traversa (Buenos Aires: Santiago Arcos, 2007), 29-62.
50. Filipa Matos Wunderlich, “Walking and rhythmicity: Sensing urban space”, en Journal of urban design, vol. 13, no. 1 (2008), 125-139.
51. Verón, La semiosis social 2.
52. Eliseo Verón, La semiosis social, 2: ideas, momentos, interpretantes (Buenos Aires: Paidós, 2013).
53. Christian Metz, El significante imaginario. Psicoanálisis y cine (Barcelona: Paidós, 2001).