Teotihuacan iconography in the architectural reliefs of “Las Parotas”,
State of Mexico
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Ángel Iván Rivera Guzmán |
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ORCID: 0000-0002-0182-3039 Instituto Nacional de Antropología e Historia, México |
contacto: angel_rivera@inah.gob.mx |
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Tatiana Valdez Bubnova |
Recepción: octubre 2025 Aceptación: abril 2026 Publicación: mayo 2026 |
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ORCID: 0000-0003-3179-9508 El Colegio de Morelos, México |
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Resumen |
Abstract |
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En este trabajo, llevamos a cabo un análisis iconográficio de un conjunto de relieves arquitectónicos que proceden del sitio “Las Parotas”, ubicado en la cercanía del municipio de Tlataya, en el suroeste del Estado de México. Aunque su descubrimiento ocurrió desde el siglo pasado, resaltamos su importancia por la iconografía teotihuacanoide y las implicaciones de su presencia fuera de la Cuenca de México, en una ruta de comunicación hacia la región del estado de Guerrero. Concluimos que la documentación y análisis de estos relieves aporta nuevos datos sobre los posibles periodos de elaboración, tipo de edificio del cual originalmente proceden y la conceptualización del tema “cerro sagrado” en la iconografía del Clásico; además, indica que la relación entre Teotihuacán y los sitios contemporáneos de la periferia de la Cuenca de México se manifestaba también a nivel simbólico. |
This study presents an iconographic analysis of a set of architectural reliefs originating from the site of “Las Parotas,” located near the municipality of Tlataya, in the southwestern region of the State of Mexico. Although these reliefs were discovered during the last century, we emphasize their significance due to their teotihuacanoid iconography and the implications of their presence outside the Basin of Mexico, along a communication route leading toward the region of the state of Guerrero. We conclude that the documentation and analysis of these reliefs provide new data regarding their possible periods of production, the type of building from which they originally derived, and the conceptualization of the “sacred mountain” theme in Classic-period iconography. Furthermore, the evidence suggests that the relationship between Teotihuacan and contemporary sites on the periphery of the Basin of Mexico was also expressed at a symbolic level.2 |
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Palabras clave |
Keywords |
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iconografía, Teotihuacán, Las Parotas, Estado de México |
iconography, Teotihuacan, Las Parotas, State of Mexico |
Uno de los marcadores de la interacción de Teotihuacán con regiones vecinas a la Cuenca de México se encuentra en la iconografía de los objetos arqueológicos; algunos al ser portátiles, como la cerámica, son indicadores del intercambio comercial que tenía la metrópoli con diversas regiones de Mesoamérica. Cabe advertir que esta cualidad indicial de la iconografía representa tanto una utilidad o virtud como una limitante de los alcances de nuestro estudio, ya que, aunque la imaginería deriva de la ideología del grupo social que la produce, se trata de una construcción cultural, ideológica y simbólica y no de una representación directa de un suceso.3 La relación que existía entre las comunidades y la metrópoli parece haber sido diversa, esta no solo era meramente económica, también debieron existir vínculos a nivel religioso y de ritual. En su ensayo sobre el desarrollo de la ciudad, René Millon señalaba que, durante su máximo apogeo, en la fase Xolalpan (400 a 550 d. C.), Teotihuacán tuvo interacción con la mayor parte de Mesoamérica;4 la naturaleza de las relaciones comerciales entre las diferentes regiones se evidencia en la presencia de materiales traídos desde los confines de Mesoamérica y depositados en las ofrendas, entierros o en contextos domésticos de la ciudad.5 Los relieves y pinturas murales también son indicadores de la presencia de la cultura teotihuacana en sitios fuera de la Cuenca de México; al ser estos agregados a estructuras arquitectónicas indican que los artesanos, ya sean maestros lapidarios o pintores, tuvieron que desplazarse desde la capital hasta las regiones vecinas. Los recién descubiertos murales de El Rosario, en Querétaro, son un ejemplo de ello.6
Un grupo de monumentos grabados procedentes del sureste del Estado de México, motivo del presente ensayo, muestra iconografía teotihuacanoide e indica que existían lazos entre esa región y la ciudad. Este estudio examina los monumentos y trata tres puntos principales: 1) comentamos el origen y procedencia de las piezas, 2) los describimos y catalogamos, 3) analizamos la iconografía contenida en ellos y la comparamos con el corpus presente en Teotihuacán (Fig. 1).
Los objetivos fundamentales del trabajo son la contextualización, estudio y descripción de un hallazgo arqueológico a partir de un estudio iconográfico en el cual se destaque un acercamiento profundo a una escultura arquitectónica significativa para la comprensión de los ámbitos de influencia teotihuacana.
En el año de 1933, el arqueólogo José García Payón, director del Museo del Estado de México, en Toluca,7 remitió una fotografía a la Jefatura del Departamento de Monumentos Artísticos, Arqueológicos e Históricos de la Secretaría de Educación Pública, en la ciudad de México; la fotografía era acompañada de un oficio membretado con el sello del Museo de Historia Natural, del Gobierno del Estado de México, en Toluca, en el cual se informa la existencia de unas lápidas arqueológicas. La fotografía —que se conserva en el acervo de la Fototeca Nacional del INAH en Pachuca, Hidalgo, con el número de inventario 412851— cuenta con una anotación al reverso de la impresión, que dice:
Fotografía remitida por el Sr. José García Payón, en oficio num 62, Exp. 0.16… 1209 de fecha 5 de abril de 1933 y que existe en el Archivo. Zona arqueológica de Las Parotas o La Providencia, Municipio de Tlatlaya, Edo De México. Relieves de un monumento.
En efecto, la fotografía muestra dos lápidas colocadas de frente, de dimensiones similares y fragmentadas (Fig. 2a). A primera vista resaltan una serie de figuras grabadas en la superficie, pero debido a la luz plana de la imagen, estos no son del todo claros. La toma fotográfica parece haber sido hecha en un espacio interior, posiblemente un patio, pues en primer plano se nota un escalón, mientras en el fondo, a la derecha, se nota una escalinata con un barandal. Posiblemente se trate de la sacristía de una iglesia o el interior de una casa con patio grande. En la imagen no contamos con una escala que nos indique las proporciones de las piezas. Desafortunadamente no tenemos información sobre el contexto primario de estas lápidas.
Esta misma fotografía fue publicada, años más tarde, por García Payón en un artículo que trataba sobre la iconografía del glifo del año prehispánico. La impresión no es de buena resolución e indica en su pie de ilustración: “trozos de dos monolitos procedentes de Las Parotas, Sultepec, Edo. de México”. El comentario del autor sobre estas piezas señala que son un indicador de la presencia de las culturas maya y zapotecas en la región, sin embargo, omite discutir cada una de las figuras que se encuentran en las lápidas.8
Otra imagen de estas lápidas aparece en el acervo fotográfico de Roberto Weitlaner, localizado en la Dirección de Estudios de Antropología Social del INAH en la Ciudad de México. La fotografía, tomada en el exterior —quizás un patio en cuyo fondo se nota un muro alto encalado— y con luz rasante, resalta los diseños de los relieves (Fig. 2b). En el reverso de la impresión existe una nota con lápiz que dice: “Aguacatitlán, Weitlaner, 1946, estado de Guerrero”. Weitlaner realizó una expedición al estado de Guerrero en 1944, teniendo como punto de partida el Estado de México, saliendo de Toluca, para viajar hacia el sur bajando hasta la región del río Balsas.9 No sabemos si la fotografía la tomó durante esa exploración o si alguien le proporcionó la impresión tiempo después.10 Aguacatitlán puede corresponder al nombre de una pequeña comunidad que se ubica al norte de Tlatlaya. Esta fotografía fue publicada en la revista Diario de Campo del INAH en el año 2004; el volumen conmemora el trabajo antropológico de Weitlaner en Guerrero e incluye muchas imágenes que se tomaron en sus expediciones. En esta revista tampoco se hace referencia o comentario sobre la importancia arqueológica de las lápidas.11
Para nuestro conocimiento, aparte de la documentación fotográfica aquí descrita, el único comentario referente a las lápidas proviene de Karl Taube, quien ilustra de forma aislada una de las figuras y la describe como el “glifo maíz con bandas diagonal y dos puntos”.12 Llegado a este punto, conviene preguntarse: ¿de dónde proceden estas lápidas?
Las Parotas se encuentra en el municipio de Tlatlaya, en el suroeste del Estado de México (Fig. 1e). Una imagen satelital revela una serie de montículos y plataformas asentados sobre las lomas y laderas de cerros bajos, en la margen este del río de las Parotas o Coatepec. Existen por lo menos dos grupos importantes de arquitectura, uno en las inmediaciones del río y colindante con la comunidad de San Francisco de Asís —que se encuentra al oeste del sitio, cruzando el río—, y otro dentro de la pequeña comunidad de Las Parotas; entre ambos conjuntos arquitectónicos hay una distancia aproximada de 900 metros, por lo que es evidente que en la antigüedad debió de formar parte de un pequeño centro urbano.13 Por lo menos uno de estos conjuntos se asemeja al formato arquitectónico de los tres templos, documentado en diversos casos dentro de Teotihuacán y en sitios contemporáneos cercanos. El sitio se encuentra aproximadamente a 190 km en línea recta desde Teotihuacán; para llegar a Las Parotas desde la metrópoli es necesario cruzar la Cuenca de México, bordear la Sierra de las Cruces, para luego bajar a la cuenca del río Lerma —ya en el valle de Toluca— y desde ahí por las faldas del volcán Zinacantepec para bajar por sus escarpadas laderas al sur, siguiendo el cauce de los ríos que se unen a la cuenca del Río Balsas.
El paisaje que rodea a Las Parotas está formado por varias serranías, los ríos que atraviesan la región poseen agua permanente, por lo que, combinado con su ambiente cálido, propician una exuberante vegetación y condiciones óptimas para el riego. Esta región del Estado de México se puede considerar como “tierra caliente”, pues se encuentra debajo de los 1000 metros sobre el nivel del mar. Es posible que sus recursos naturales fueran de sumo interés para el comercio e intercambio con Teotihuacán. Casos similares se puede encontrar en la región del estado de Morelos, donde existen numerosos sitios de la época Clásica y son evidencia del auge de la metrópoli fuera de la Cuenca de México.14
Cabe mencionar que no es la primera vez que se documentan objetos de estilo teotihuacano en esta región del Estado de México. No muy lejos de Las Parotas, a unos 10 km al noroeste, se encuentra la sierra de Nanchititla, lugar de donde procede el “vaso Plancarte”, una excepcional pieza de piedra verde con la representación del Dios de las Tormentas al estilo de Teotihuacán y que al parecer se encontró dentro de una cueva en algún lugar de esta espectacular sierra.15
En el posclásico, esta región era habitada por pueblos matlaltzincas y, según la relación de las Minas de Temazcaltepec, Tlatlaya —que era una estancia perteneciente a Zoltepec— fue una de las comunidades sometidas por Moctezuma Xocoyotzin.16 En un documento colonial sobre la Jurisdicción de Temazcaltepec y Zultepec, de 1753, se menciona que el “…pueblo y cabecera de Santiago Tlatlaya, [tiene] temperamento frío.17 El de San Francisco, que dista de la cabecera cinco leguas, en tierra caliente; tiene 7 familias y comercian en lo mismo [maíz, cera, miel y plátanos]”.18
Por las características geológicas de su entorno, la región fue ampliamente disputada en la época colonial para el desarrollo y explotación de la minería,19 y es un paso obligado hacia el río Balsas y la región de la tierra caliente de Guerrero, al área de Arcelia, Tlalchapa y Totolapan.20 Debido a su cercanía se le puede considerar dentro de la región arqueológica-cultural del norte de Guerrero.
El registro oficial del sitio de Las Parotas fue documentado en abril del año 1985 por personal del INAH. Se le designó como Las Parotas M-2. Las coordenadas de localización UTM son: E 366700; N 2058350; ubicado a 850 metros de altitud sobre el nivel del mar. La cédula de registro del sitio señala que tiene una extensión considerable con numerosos montículos y plataformas.21 Otros datos relevantes que se anotan es que la arquitectura presente está hecha con piedra de canto de río, además de roca sedimentaria y que parte del sitio se encuentra en los terrenos ejidales de Tejupilquito. Se señala que el sitio ha sido saqueado y que cuenta de 2 a 5 montículos con 5 metros de altura. En el informe sobre el reconocimiento preliminar del sitio, se indica que se realizaron excavaciones en el montículo 2, localizado en los terrenos del Sr. Román Hernández Santiago.22 En la década de 1990, se realizó un reconocimiento en el área por parte del personal del Centro INAH Estado de México, bajo la dirección del arqueólogo José Hernández Rivero.23 En estos breves informes no se indica la cronología del asentamiento, así que esperamos que en futuro se realicen fechamientos con base en los materiales arqueológicos. Una nota periodística aparecida en el año 2013 hacía del conocimiento público que el INAH planeaba el rescate de los sitios arqueológicos en el municipio de Tlatlaya;24 en el mismo reportaje se incluye la imagen de un paramento prehispánico hecho con piedra de río y lajas en un excelente grado de conservación (Fig. 1c). Esperamos con mucho interés que el proyecto mencionado en Tlatlaya aporte nuevos datos sobre este importante sitio arqueológico.
En el año 2011, tras un señalamiento del Dr. Raymundo César Martínez García, localizamos un grupo de piezas arqueológicas procedentes del sitio Las Parotas en una colección particular de la ciudad de Toluca, Estado de México; en ella se encontraban dos lápidas grabadas con relieves de estilo teotihuacano. La iconografía, proporción y factura de una de las lápidas señalaba que pertenecía originalmente a un programa escultórico-arquitectónico unitario, al cual correspondía también los fragmentos fotografiados por García Payón. La lápida de la colección particular tiene huellas de reutilización, pues en su parte baja se grabó un epitafio del siglo XX. En una entrevista, el poseedor de la colección —quien prefirió mantenerse en el anonimato— confirmó que las piezas proceden de Las Parotas y que habían sido trasladadas a Toluca en algún momento a mediados del siglo pasado. Entonces, junto con los dos fragmentos documentados por García Payón, tenemos el registro de cuatro lápidas en total procedentes del sitio Las Parotas.
Designamos a cada fragmento de lápida como monumento. Partimos de la hipótesis de que todas proceden de una misma estructura; nos basamos en tres elementos que son observables y verificados: primero, todas son lápidas que tienen proporciones y dimensiones semejantes; segundo, las figuras grabadas en los relieves son repetitivas; y tercero, tanto la aseveración de García Payón como la del coleccionista de Toluca, ya mencionada líneas atrás, de que proceden del mismo lugar (Fig. 3).
Monumento 1. Documentada en las fotografías de García Payón y Weitlaner, es la pieza más grande del conjunto. Del lado izquierdo se nota el límite del grabado con su marco, lo que indica que la lápida formaba parte de uno de los extremos de la composición. Del lado derecho la lápida está rota, pero es posible reconstruir el diseño general —en base a la simetría observada en varios ejemplos de iconografía teotihuacana— y que muestra una forma que designamos como “arcos polilobulados” y que discutiremos adelante. Dentro y fuera de este arco, se encuentran siete figuras que se alternan y que son contantes en el resto de los monumentos: 1) flores tetra-pétalas, 2) conchas marinas, 3) bandas torcidas, 4) semillas de maíz, 5) caracoles Strombus, 6) círculos concéntricos y 7) mazorcas con raíces. Esta última figura forma el eje central dentro de los arcos polilobulados, teniendo a cada lado círculos concéntricos que parecen ser ojos y gotas. Cabe destacar que, en su base, el relieve tiene una sección lisa y que probablemente servía como “guardapolvo” en la arquitectura a la que estaba integrada.
Monumento 2. También aparece en las fotografías de García Payón y de Weitlaner, es un fragmento de una lápida más grande y de la cual solo se conservó parte de su lado derecho, pues en esta sección se puede observar que la piedra termina en un canto recto, pero los diseños grabados continuaban en esa dirección. Es evidente que debió de empotrarse con otra pieza aledaña; tanto en su base como en la sección superior se nota el marco que delimitaba todo el diseño. El fragmento muestra la sección derecha de un arco polilobulado (apenas una tercera parte de la figura), además del inicio de otro arco en el lado derecho. Entonces, este fragmento indica la existencia de otros dos arcos más en el programa iconográfico. Las figuras que señalamos en el monumento 1 se repiten, aunque su ubicación cambia, pero es de notar que la figura de la mazorca de maíz se mantiene como eje central de la composición. Es de destacar que en su parte inferior continúa la superficie lisa.
Monumento 3. Localizada en una colección privada en la ciudad de Toluca, es una lápida que nos da pistas sobre la reutilización de los monumentos del sitio. Empotrada actualmente en el muro de una casa moderna, tiene rota su esquina superior izquierda; muestra un arco polilobulado en cuyo interior se repiten las figuras ya señaladas, no obstante, la ubicación de ellas es diferente a los monumentos anteriores, aunque mantiene como eje la mazorca con raíces, que se mantiene como motivo central. En la base de la lápida, justo en el área lisa, fue tallada una inscripción que dice:
“El día 26 de AVRIL
De 1925 FALLECIO … A LA
EdAd, dE 23 Años
INCONSOLAbLES PAdRES
cA”
Esta inscripción indica que el monumento 3 ya había sido extraído de su contexto arqueológico primario para ser usado como una lápida mortuoria en el año 1925, ocho años antes de que García Payón reportara los monumentos 1 y 2. Esto implicaría que el sitio de Las Parotas ya era motivo de la extracción de sus monumentos grabados desde esa época.
Monumento 4. Es un fragmento de una lápida más grande y de la cual solo se conservó la sección central del monumento, faltándole parte de su base y la sección superior. Desde abajo hacia arriba se pueden observar: un contenedor en forma de U adornado con una secuencia de círculos concéntricos. Del centro del contenedor emerge un animal acuático, cuyo cuerpo está protegido por una concha y de sus patas delanteras extendidas escurren dos gotas de líquido. A la derecha e izquierda del animal acuático hay seis conchas de moluscos, distribuidas de manera simétrica. Sobre el animal y las conchas se despliega una secuencia de cinco flores tetra-pétalas. Estas flores, a su vez, tienen en la parte superior una franja con tres estrellas de cinco puntas. Sobre los elementos descritos se observa que hubo una figura antropomorfa, de pie sobre una secuencia en la cual alternan flores y conchas de moluscos. De la figura antropomorfa solo se conserva la parte inferior de un braguero largo y sandalias decoradas, lo cual permite afirmar que se trató de la imagen de un hombre, vestido a la usanza de las élites sociales, identificadas en la imaginería teotihuacana;25 personajes con calzado semejante han sido documentados en las estelas de Tepeoacuilco y Acatempa, del norte de Guerrero.26
El monumento 4 de Las Parotas es comparable con otra lápida de características similares y que se encuentra en exhibición en la Sala de Teotihuacán del Museo Nacional de Antropología (MNA), en la Ciudad de México (Fig. 4).27 Originalmente pertenecía a una colección particular, pues aparece en un catálogo publicado en 1973, y se atribuye su procedencia al estado de Guerrero.28 La lápida muestra una superficie grabada, donde se notan dos tipos de relieve que quizá corresponde a diferentes momentos en la manufactura de la pieza. La primera, con el altorrelieve bien marcado, muestra una banda en forma de U con formas circulares en su interior sobre la cual se notan dos pies con sandalias y en el centro de la composición la imagen del Dios de las Tormentas, con la figura de un tocado en el centro. La base de la lápida originalmente tenía la superficie lisa, al igual que los monumentos de Las Parotas, pero posteriormente fue añadido un bajorrelieve con la representación de dos pies con sandalias que replican la imagen superior. Es de notar la figura en forma de U, también presente en el monumento 4 de Las Parotas, además de la orientación de las sandalias. Debido a sus semejanzas estilísticas, nos preguntamos si la procedencia de esta lápida corresponde al sitio de Las Parotas, que desafortunadamente ha sido saqueado desde hace tiempo.
En síntesis, estamos ante los fragmentos de un espectacular programa iconográfico que incluía por lo menos la representación sucesiva de cuatro arcos polilobulados —monumentos 1 a 3— con un inventario restringido y común de figuras, integrado por la semilla del maíz, la mazorca enjoyada, las bandas torcidas, las conchas de moluscos y las flores de cuatro pétalos (Fig. 5). En cuanto al monumento 4, este presenta figuras distintas y debido a la pérdida de su base —donde podrían presentarse otros motivos—, es más difícil asociarlo temáticamente con un programa narrativo unitario; no obstante, es posible que la representación del personaje central haya formado parte del programa. Todas las lápidas debieron formar parte de la decoración arquitectónica de una estructura; debido al estado de conservación de los relieves, es posible que estos hayan permanecido en el interior de un aposento, ya sea un cuarto o un pórtico, a salvo de la intemperie. Por el estado incompleto del programa, sospechamos que aún deben de existir otros fragmentos en el sitio o sus alrededores; el desmantelamiento de las lápidas pudo ocurrir en diferentes momentos y de ahí su dispersión en varios lugares. Una investigación de campo en Las Parotas podría identificar la estructura arqueológica de la que originalmente proceden estas impresionantes lápidas.
Las cuatro lápidas de Las Parotas y sus relieves tienen correlatos en la escultura arquitectónica de Teotihuacán. Ejemplos de relieves arquitectónicos se conservaron en pórticos y fachadas de edificios como el Palacio del Quetzalpapalotl y el Templo de la Serpiente Emplumada, además de numerosos fragmentos encontrados en la fachada de la pirámide del Sol.29 Queremos hacer énfasis en que en la escultura arquitectónica de la metrópoli se desconocen relieves con el tema de los arcos polilobulados, en tanto que sí se encuentran bien documentados en la pintura mural —formando secuencias en la base de los muros— y grabados en vasos de cerámica. En ocasiones, incluyen diversas figuras en su interior y en su parte externa, mismas que tienen asociaciones con temas celestes, terrestres y/o acuáticos; algunos de estos han sido interpretados como signos topónimos,30 y han sido también identificados como representaciones de cerros sagrados.31 Los arcos polilobulados hallados en la pintura de La Ventilla, en una importante publicación, son fechados por Gómez y Gazzola32 para la Época 3 de la pintura mural teotihuacana, que corresponde a la fase Tlamimilolpa Tardía-Xolalpan Temprana, desarrollada entre los años 300 y 450 d. C., y que se describe como cuando en Teotihuacan los murales no solo se presentan en templos, como en las fases anteriores, sino también en conjuntos residenciales y administrativos de élite. También es a partir de cuando la presencia de Teotihuacan se observa en las áreas culturales de Occidente, la Costa del Golfo, Oaxaca y las Tierras Altas mayas. Todo esto resulta significativo para nuestro estudio de caso, ya que, con base en ello, agregamos que, a partir de esta fase, la presencia de la gran metrópoli se observa también en los relieves arquitectónicos del área cultural de Guerrero, en el sitio de Las Parotas, probablemente realizada por encargo de grupos de elite con funciones sociales administrativas y no exclusivamente religiosas.
La comparación entre los polilobulados teotihuacanos y la secuencia de los relieves de Las Parotas, nos permite afirmar que los monumentos 1 a 3 corresponden casi completamente al canon que caracteriza a la expresión plástica figurativa de Teotihuacán. La excepción son el estilo de la planta de maíz que allí figura —también conocido como glifo J— y la concepción de esas mismas plantas flanqueadas por joyas, a manera de orejeras.
La comparación de los relieves de Las Parotas con monumentos de Teotihuacan sugiere también aspectos de la función social de esos relieves y de los edificios que los presentaban. Varias secuencias de arcos polilobulados de Teotihuacan fueron pintadas en edificios clasificados dentro del espectro administrativo.33 Es el caso del sector 2 de La Ventilla, el Conjunto del Sol, Tetitla, Yayahuala, Zacuala y Atetelco.34 Proponemos como hipótesis que las funciones originales de los edificios de los cuales procederían los monumentos de Las Parotas fueron del espectro administrativo y que esos edificios estuvieron relacionados, de manera directa o indirecta, con funcionarios del Estado teotihuacano. Con base en la estética de los grabados y en los ejemplos mencionados de las pinturas murales de Teotihuacán, pensamos que la manufactura de las lápidas de Las Parotas debió ser realizada entre los años 300 a 500 d. C., que corresponde a las fases Tlamimilolpan-Xolalpan de la metrópoli.
En cuanto al significado que expresan los arcos polilobulados, en la imaginería hallada en Teotihuacán se les muestra en escenas de contenido mítico y/o ritual, como ocurre en el mural de Tepantitla, también conocido como el “Tlalocan”;35 algunos fueron concebidos como manantiales, cerros o promontorios contenedores de agua. Por ejemplo, se observa el detalle donde el maíz se encuentra asociado con una montaña, tal y como sucede en los monumentos de Las Parotas. También presentes en los murales del Templo de la Agricultura,36 cuyo contenido probablemente deriva de un culto acuático y a la fertilidad, observamos la misma temática que mantiene la cohesión entre los monumentos de Las Parotas. Cabe agregar que las imágenes de contenedores de líquidos, alimentos y otros valores culturales en la imaginería de Teotihuacán se presentan también en los incensarios tipo teatro. Entre esos bienes se encuentra el maíz e incluso los arcos polilobulados. La singularidad de algunos de esos incensarios nos lleva a considerarlos como posibles imágenes de una montaña sagrada, fuente de agua, alimentos y otros bienes. Así interpretamos también a las figuras en los monumentos 1-3 de Las Parotas: son representaciones de montañas sagradas. Como ejemplo que sustenta esta interpretación, ofrecemos un incensario hallado en Teotihuacan, en el conjunto arquitectónico de Oztoyahualco, y que lleva sobre la superficie múltiples figuras de mantenimientos como el maíz, calabaza, algodón, tortilla y flores.37 De hecho, las montañas en los relieves de Las Parotas aparentan tener un rostro formado por la combinación de los círculos concéntricos y la figura de la mazorca, a manera de ojos, nariz y boca. Las decoraciones a los costados, en forma de flores cuatri-pétalas y lazos torcidos, tienen su correspondencia en objetos arqueológicos encontrados en las ofrendas de la metrópoli, en forma de orejeras e insignias que eran parte del vestuario de la clase social y política de alto rango.38
Debemos de destacar que la figura de la mazorca en las lápidas de Las Parotas se aproxima más al canon iconográfico usado por los pueblos de Oaxaca. El glifo J, llamado así por Alfonso Caso en su estudio sobre las estelas de Monte Albán, forma parte de la iconografía y del calendario zapoteco de la región de Oaxaca.39 Caso y Bernal descubrieron que en las efigies de cerámica zapotecas (también llamadas “urnas”) la figura representaba a una mazorca y formaba parte de la decoración del dios de la lluvia zapoteco, Cociyo, el equivalente al Dios de las Tormentas de Teotihuacán, además de otras deidades.40 Estudios posteriores han demostrado que la iconicidad del glifo puede rastrearse desde el estilo olmeca y que puede representarse como el maíz en sus diversas fases de crecimiento, además de que ocupaba la décima onceava posición dentro del calendario zapoteco.41 La presencia del glifo mazorca en los relieves de Las Parotas no parecería extraño si consideramos que objetos de estilo zapoteco han sido encontrados en el altiplano de Toluca. En efecto, conocemos el hallazgo de artefactos cerámicos documentados por García Payón en la proximidad de Calixtlahuaca, que incluyen vasijas de la fase Xoo fechados para el Clásico tardío, entre ellos un vaso cilíndrico con el glifo 2 J grabado en su superficie.42 La presencia del glifo J nos hace reflexionar sobre la posible presencia de población de Oaxaca en la región limítrofe entre el altiplano central y la cuenca del río Balsas.
Regresando a las imágenes de las montañas, estos contenedores de bienes de subsistencia se asocian con figuras humanas en algunos incensarios tipo teatro y, al igual que en la pintura mural, las secuencias de montañas se presentan contiguas a figuras antropomorfas oferentes, de manera consistente y en asociaciones contextuales contemporáneas entre sí.43 Es por esta razón que también consideramos que la figura antropomorfa del monumento 4 de Las Parotas no solo corresponde con el canon teotihuacano, sino que incluso podría formar parte de un mismo programa narrativo que incluiría también los monumentos 1, 2 y 3.
El tema teotihuacano del personaje de pie sobre un ambiente acuático, además, despierta asociaciones con la deidad acuática por antonomasia: el Dios de las Tormentas, personaje que se ha asociado con funcionarios del Estado teotihuacano en la urbe y en el extranjero.44 Cabe recordar aquí el antes mencionado relieve arquitectónico del Museo Nacional de Antropología, que tiene rasgos estilísticos teotihuacanos y, en lo particular, atributos del Dios de las Tormentas. El monumento 4 de Las Parotas presenta a un personaje de alto rango, en posición frontal, una postura que indicaría su divinidad y que marcaría el eje de una composición mayor.45 Ese personaje está de pie sobre un contenedor de agua, marcado con círculos concéntricos, y por tanto tendría la cualidad de ser un contenedor sagrado y/o precioso; podría considerarse la personificación de una deidad, o quizás un funcionario estrechamente relacionado con el gobierno teotihuacano.
Ofrecemos una interpretación temática del programa arquitectónico al cual pertenecían los monumentos de Las Parotas. Consideramos que este programa estaría expresado por medio de una narrativa visual basada en imágenes figurativas y no por medio de escritura. El tema general sería el de la montaña sagrada, el surgimiento del maíz y de algunos objetos culturalmente valiosos ubicados en un ambiente acuático y fértil. En este suceso participaría un personaje ricamente vestido y con atributos de poder político y sagrado. Ese personaje posiblemente sea el Dios de las Tormentas de Teotihuacán. Este suceso se expresaría mediante al menos dos escenas temáticas distintas y posiblemente coordinadas:
Todo esto permite caracterizar al programa narrativo como de contenido mítico y posiblemente ritual, y sin duda relacionado con los atributos iconográficos del poder teotihuacano. Una pregunta que surge de este estudio es si estos relieves son la evidencia de la manifestación visual y ritual de un grupo de teotihuacanos que habitaban en Las Parotas, o si los habitantes de la región decidieron adoptar el estilo de la metrópoli. Necesitamos evidencias arqueológicas para resolver esta interrogante, pero nos inclinamos a pensar en la primera premisa, en parte por el diseño sistemático e idéntico a los murales de Teotihuacán. Los intereses de Teotihuacán por colonizar esta región, en una ruta comercial hacia Guerrero, tiene su evidencia en el hallazgo de piedra verde en la metrópoli, además de algunas esculturas de estilo teotihuacano en la región norte y central de Guerrero. Concluimos que el sitio de Las Parotas y su iconografía pueden aportan mayores pistas sobre la relaciones entre Teotihuacán y las regiones vecinas a la Cuenca de México.
Agradecimientos
Queremos agradecer al arqueólogo Víctor Osorio por sus comentarios sobre la arqueología de la región del sureste del Estado de México, al Dr. Raymundo Martínez, del Colegio Mexiquense, por habernos compartido las fotos de las lápidas en una colección particular en Toluca. De igual manera, a la maestra Mayra Mendoza, de la Fototeca Nacional del INAH en Pachuca, por ayudarnos a ubicar la fotografía original de García Payón en el acervo a su cargo; así como a don José Luis Ramírez del Archivo Técnico del INAH. También a la maestra María Sara Molinari, de la Dirección de Estudios en Antropología Social de INAH, por habernos compartido la fotografía de Roberto Weitlaner en el acervo de dicha institución. Queremos agradecer los atinados comentarios y sugerencias del Dr. Jesper Nielsen y el Dr. Christophe Helmke, de la Universidad de Copenhague, Dinamarca. Tatiana Valdéz inició este trabajo cuando formaba parte del cuerpo académico de El Colegio Mexiquense. Asimismo, Iván Rivera realizó parte de esta investigación cuando se encontraba en una estancia de posgrado en la Facultad de Arqueología de la Universidad de Leiden, Países Bajos, bajo la tutela del Dr. Maarten Jansen, a quien agradece sus comentarios y asesoría.
Lista de figuras:
Fig. 1.- Ubicación del sitio Las Parotas en el municipio de Tlatlaya, Estado de México.
Fig. 2.- El registro fotográfico de las lápidas de Las Parotas.
Fig. 3.- Los monumentos grabados de Las Parotas.
Fig. 4.- La lápida del Museo Nacional de Antropología.
Fig. 5.- Reconstrucción del programa iconográfico de Las Parotas.
Fig. 1.- Ubicación del sitio Las Parotas en el municipio de Tlatlaya, Estado de México.
Fig. 2.- El registro fotográfico de las lápidas de Las Parotas.
Fig. 3.- Los monumentos grabados de Las Parotas. Del lado derecho se encuentran las reconstrucciones de las figuras, señaladas en color gris. Dibujos: Iván Rivera.
Fig. 4.- La lápida del Museo Nacional de Antropología.
Fig. 5.- Reconstrucción del programa iconográfico de Las Parotas, ensamblando los monumentos 1, 2 y 3. Dibujo: Iván Rivera.
Fuentes de investigación
Acosta, Jorge. “El palacio de Quetzalpapalotl”. Memorias del INAH 10. México: INAH, 1964.
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1. Una versión preliminar de este texto se presentó en la 6ª Mesa Redonda de Teotihuacán, noviembre 2017.
2. Traducido en ChatGPT, OpenAI, mayo 8, 2026.
3. Tomás Pérez Vejo, “¿Se puede escribir historia a partir de imágenes? El historiador y las fuentes icónicas”, Memoria y Sociedad 16 (2012): 17-30.
4. René Millon, “The Last Years of Teotihuacan Dominance”, en The Collapse of Ancients States and Civilizations, ed. N. Yoffe y G. L. Cowgill (Tucson: The University of Arizona Press, 1988), 102-164.
5. Linda Manzanilla, Teotihuacán, ciudad excepcional de Mesoamérica (México: El Colegio Nacional, 2017): 77-81.
6. Juan Carlos Saint Charles Zetina, Carlos Viramontes Anzures y Fiorella Fenoglio Limón, “El Rosario, Querétaro: un enclave teotihuacano en el Centro Norte”, Tiempo y Región 4 (2010): 315-350.
7. Cargo que ocupó hasta 1936, cuando fue designado como jefe de arqueólogo en la Oficina de Monumentos Prehispánicos. La información sobre su cargo se encuentra en el volumen 78 del archivo histórico del Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México. Véase también una nota biográfica hecha por Omar J. Ruíz Gordillo, “José García Payón”, en La antropología en México. Panorama histórico. Los protagonistas, vol. 10, coord. L. Odena Güemes y C. García Mora (México: Colección Biblioteca del INAH, 1988), 133-138.
8. José García Payón, “El símbolo del año en el México Antiguo”, El México Antiguo 4, 7-8 (1939): 244.
9. Carlo Antonio Castro,“Roberto J. Weitlaner”, en La antropología en México. Panorama histórico. Los protagonistas, vol. 11, coord. L. Odena Güemes y C. García Mora (México: Colección Biblioteca del INAH, 1988), 515-545; Roberto J. Weitlaner, “Exploración arqueológica en Guerrero”, en El Occidente de México. Cuarta reunión de Mesa Redonda (México: Sociedad Mexicana de Antropología, 1948), 77-85.
10. En 1948, la Sociedad Mexicana de Antropología realizó una mesa redonda con el tema del Occidente de México. Weitlaner participó en la reunión, pero no se mencionan comentarios de las lápidas o de Aguacatitlán. Roberto J. Weitlaner, “Exploración arqueológica en Guerrero”, en El Occidente de México. Cuarta reunión de Mesa Redonda (México: Sociedad Mexicana de Antropología, 1948), 77-85.
11. Gloria Artis, Miguel Ángel Rubio y Mette Marie Wacher, “Introducción”, Suplemento Diario de Campo 28 (2004), 7-9.
12. Mary Ellen Miller y Karl Taube, The Gods and Symbols of Ancient Mexico and the Maya. An Illustrated Dictionary of Mesoamerican Religion (Nueva York: Thames and Hudson, 1993), 109; Karl Taube, “The Turquoise Hearth: Fire, Self-Sacrifice, and the Central Mexican Cult of War”, RES: Anthropology and Aesthetics 29-1 (1996): 47.
13. Nuestros comentarios sobre el sitio son únicamente en base a la observación y análisis de la fotografía satelital del lugar. Desde luego, un reconocimiento sistemático de superficie aportaría información y detalles sobre el sitio. Desafortunadamente, la región se encuentra en una zona de alta incidencia delictiva, que en los últimos años se ha visto envuelta en casos de extrema violencia.
14. Kenneth Hirth, Eastern Morelos and Teotihuacan: A Settlement Survey (Nashville: Vanderbilt University Publications in Anthropology 25, 1980).
15. Véase el análisis de esta pieza hecho por Adam Sellen; al ser de piedra verde, el vaso adquiere un valor simbólico adicional. Adam Sellen, “Un nuevo acercamiento al vaso de jade de la colección Plancarte”, Estudios Mesoamericanos 5 (2003): 47-54.
16. Pedro Carrasco, Estructura político territorial del Imperio tenochca. La Triple Alianza de Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan (México: Fondo de Cultura Económica, 1996), 376-377.
17. La cabecera municipal de Tlatlaya se encuentra sobre una montaña, mientras que Las Parotas y San Francisco se encuentran en la parte baja del cerro.
18. Francisco de Solano, ed., Relaciones geográficas del Arzobispado de México. 1753. Tomo II2. Francisco de Solano (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos, Departamento de Historia de América, 1988), 305.
19. Brígida Von Mentz, Sultepec en el siglo XIX. Apuntes históricos sobre la sociedad de un distrito minero (México: El Colegio Mexiquense, Universidad Iberoamericana Departamento de Historia, 1989).
20. Jesper Nielsen, Elizabeth Jiménez García y Ángel Iván Rivera Guzmán, “Across the Hills, Towards the Ocean: Teotihuacan Style Monuments in Guerrero, Mexico”, en Exchanging Culture: Interaction and Social Dynamics in Ancient Mesoamerica, ed. Joshua D. Englehard y Bryan Schaeffer (Boulder: University Press of Colorado, 2019), 176-209.
21. La cédula se puede consultar en el archivo de la Dirección de Registro Público de Monumentos, Zonas Arqueológicas e Históricas del INAH, número de cédula E14A66-005. Las siglas de los registradores son: JH/AO/JS. En las notas se apunta que: “Esta cédula solo se refiere al M-2 que se visitó en abril de 1985, queda pendiente de registrar toda la zona que cubre un área superior a los 6 km2 y con más de 50 estructuras.”
22. Silvia Gutiérrez, José Hernández, Agustín Ortega Esquinca, Jorge Serrano, “Reconocimiento y excavación en los sitios Santa Ana Zicatecoyan y Las Parotas, en el municipio de Tlatlaya. Primera fase”. Informe en el tomo 14-9, Estado de México. Ciudad de México: Archivo técnico de la Coordinación Nacional de Arqueología, 1985.
23. José Hernández Rivero, “Proyecto de reconocimiento de superficie Amatepec-Tlatlaya-Tejupilco”. Toluca: Centro INAH Estado de México, 2006.
24. Martín Posada, “Tlatlaya busca rescatar importante zona arqueológica en Las Parotas”, Agencia Quadrantín. 28 de noviembre 2013.
25. Clara Millon, “Painting, Writing, and Polity in Teotihuacan, Mexico”, American Antiquity 38-3. (1973): 294-314.
26. Jesper Nielsen, Elizabeth Jiménez García y Ángel Iván Rivera Guzmán, “Across the Hills, Towards the Ocean: Teotihuacan Style Monuments in Guerrero, Mexico”, en Exchanging Culture: Interaction and Social Dynamics in Ancient Mesoamerica, ed. por Joshua D. Englehard y Bryan Schaeffer (Boulder: University Press of Colorado, 2019), 176-209.
27. La pieza catalogada con el número de inventario 10-0619597 y número de catálogo del MNA 09.0-06411 tiene una altura de 93.50 cm, 77.50 cm de largo y 10.50 cm de grosor.
28. Germán Carrasco Franco y José Luis Franco Carrasco, Arte Precolombino de México (México: Ediciones Lito Offset Fersa, 1973).
29. Jorge Acosta, “El palacio de Quetzalpapalotl”, Memorias del INAH 10 (México: INAH, 1964); Ignacio Marquina, “Arquitectura Prehispánica”, Memorias del INAH, 1 (México: INAH, 1990).
30. Jorge Angulo, “Teotihuacán: Aspectos de la cultura a través de su expresión pictórica”, en La Pintura Mural Prehispánica en México I, Teotihuacán, Tomo II, Estudios, ed. Beatriz de la Fuente (México: UNAM, 1996), 65-186; Christophe Helmke y Jesper Nielsen, “If Montains Could Speak: Ancient Toponyms Recorded at Teotihuacan, Mexico”, Contributions in New World Archaeology 7 (2014): 73 -112.
31. Zoltán Paulinyi, “A Mountain God in Teotihuacan Art”, en The Art of Urbanism, ed. L. López Luján y W. L. Fash (Washington: Dumbarton Oaks, 2009), 172-200.
32. Sergio Gómez Chávez y Julie Gazzola, “Análisis diacrónico y sincrónico de la pintura mural de La Ventilla. Las cuatro épocas de la pintura mural teotihuacana”, en Estudios de un barrio de la antigua ciudad de Teotihuacan. Memorias del Proyecto La Ventilla 1992-1994 vol. 2, coord. Rubén Cabrera Castro y Sergio Gómez Chávez (México: Secretaría de Cultura, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2022), 83-126.
33. La definición del edificio público/administrativo teotihuacano se tomó del arqueólogo Gómez Chávez, quien sostiene que estos edificios: “tienen funciones que se asocian a todas aquellas actividades de carácter institucional necesariamente ligadas al Estado y el monopolio del poder. Se incluye en estos a los edificios administrativos y de gobierno, los destinados a la enseñanza, las actividades de tipo secular y eventualmente aquellos que albergarían la fuerza coercitiva regulando las relaciones comunitarias y favoreciendo la reproducción del sistema. No descartamos que algunos espacios al interior de estos conjuntos tengan la función de servir para la vivienda de algunos de sus ocupantes como pueden ser sacerdotes, militares, aprendices, etc.”. Sergio Gómez Chávez, “La Ventilla, un barrio de la antigua ciudad de Teotihuacán” (tesis de licenciatura en Arqueología, Escuela Nacional de Antropología e Historia, 2000), 599.
34. Rubén Cabrera Castro, “Atetelco”, en La Pintura mural prehispánica en México I: Teotihuacán, Tomo I, Catálogo, coord. Beatriz de la Fuente (México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas, 1995), 202-254; Beatriz de la Fuente, “Zona 5ª, Conjunto del Sol”, en La Pintura Mural Prehispánica en México. Teotihuacán. Tomo I. Catálogo, coord. Beatriz de la Fuente (México: UNAM, 2001ª); Román Padilla Rodríguez y Julio Ruiz Zúñiga, “La Ventilla, Sector 2”, en La Pintura Mural Prehispánica en México. Teotihuacán. Tomo I. Catálogo, coord. Beatriz de la Fuente (México: UNAM, 2001); Arthur G. Miller, The Mural Painting of Teotihuacan (Washington: Dumbarton Oaks, 1973): 115-118, 122, 124, 298.
35. Beatriz de la Fuente, “Tepantitla”, en La Pintura Mural Prehispánica en México. Teotihuacán. Tomo I. Catálogo, coord. Beatriz de la Fuente (México: UNAM, 2001b).
36. Beatriz De la Fuente, “Templo de la Agricultura”, en La Pintura Mural Prehispánica en México. Teotihuacán. Tomo I. Catálogo, coord. Beatriz de la Fuente (México: UNAM, 2001c).
37. Linda Manzanilla y Emilie Carreón, “Un incensario teotihuacano en contexto doméstico. Restauración e interpretación”, en Anatomía de un conjunto residencial teotihuacano en Oztoyahualco. Tomo. 2, coord. Linda Manzanilla (México: UNAM, 1993), 5-18.
38. Véase, por ejemplo, las ofrendas que acompañan a los entierros humanos de la Pirámide de la Luna, cuyo simbolismo también corresponde a una montaña sagrada. Saburo Sugiyama y Leonardo López Luján, Sacrificios de consagración en la Pirámide de la Luna (México: CONACULTA, INAH, Museo del Templo Mayor, Arizona State University, 2006).
39. Alfonso Caso, Las estelas zapotecas (México: Talleres Gráficos de la Nación, 1928).
40. Alfonso Caso e Ignacio Bernal, Urnas de Oaxaca (México: Memorias del INAH, 1954), 20.
41. Mary Miller y Karl Taube, The Gods and Symbols of Ancient Mexico and the Maya. An Illustrated Dictionary of Mesoamerican Religion (Nueva York: Thames and Hudson, 1993); Adam Sellen, El cielo compartido, deidades y ancestros en las vasijas efigie zapotecas (México: Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, UNAM Mérida, 2007), 240-249; Javier Urcid, Zapotec Hieroglyphic Writing, Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology 34 (Washington, D.C.: Dumbarton Oaks Research Library and Collection, 2001), 184.
42. José García Payón, La zona arqueológica de Tecaxic-Calixtlahuaca (México: Secretaría de Educación Pública, Departamento de Monumentos. Talleres Gráficos de la Nación, 1936); Michel E. Smith y Michael D. Lind, “Xoo-Phase Ceramics From Oaxaca Found at Calixtlaxuaca in Central Mexico”, Ancient Mesoamerica 16-2 (2005), 169-177.
43. Tatiana Valdez Bubnova, “Imaginería, ritualidad y poder en la plástica teotihuacana: una nueva aproximación a los conjuntos icónicos”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas 39-111 (2017), 187-241.
44. Alfredo López Austin, Teotihuacán (Madrid: El Equilibrista, 1989); David Stuart, “The Arrival of Strangers, Teotihuacan and Tollan in Classic Maya History”, en Mesoamerica’s Classic Heritage: from Teotihuacan to the Aztecs, ed. David Carrasco, L. Jones y S. Sessions (Boulder: Colorado University Press, 2000), 465-513.
45. George Kubler, The Iconography of the Art of Teotihuacan. Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology Number Four (Washington D. C.: Dumbarton Oaks, Trustees for Harvard University Press, 1967).
46. Véase, por ejemplo, las etnografías de los pueblos nahuas de Guerrero y el culto a los cerros en: Johanna Broda y Félix Báez-Jorge, coord., Cosmovisión, ritual e identidad de los pueblos indígenas de México (México: CONACULTA-Fondo de Cultura Económica, 2001) y Johanna Broda, Stanislaw Iwaniszewski y Arturo Montero, coord., La montaña en el paisaje ritual (México: CONACULTA, INAH, UNAM, 2001).